Ningún concepto es más importante para los gurús de la sicología moderna que la autoestima. Según el credo de la autoestima, no hay malas personas, solo personas que piensan mal de sí mismas.
Por años, expertos en educación, sicólogos y un número creciente de líderes cristianos han defendido la autoestima como una panacea para todo tipo de miserias humanas. Según los proveedores de esta doctrina, si las personas se sienten bien consigo mismas, se comportarán mejor, tendrán menos problemas emocionales y lograrán más. Se nos dice que las personas con alta autoestima tienen menos probabilidades de cometer delitos, actuar inmoralmente, fallar académicamente o tener problemas en sus relaciones con los demás.
Los defensores de la autoestima han tenido un éxito notable al convencer a las personas de que esa es la solución a lo que sea que le aqueje. Una encuesta reveló que la mayoría de las personas ven la autoestima como el motivador más importante para el trabajo arduo y el éxito. De hecho, la autoestima clasificó varios puntos por encima de la responsabilidad o el miedo al fracaso.
Pero ¿funciona realmente la autoestima? ¿Promueve, por ejemplo, un mayor logro? Hay muchas pruebas que sugieren que no es así. En un estudio reciente, se realizó una prueba de matemáticas estandarizada a adolescentes de seis naciones. Además de las preguntas de matemáticas, la prueba les pidió a los jóvenes que respondieran sí o no a la pregunta: “¿Soy bueno en matemáticas?” Los estudiantes estadounidenses obtuvieron la calificación más baja en las preguntas de matemáticas, muy por detrás de los coreanos, que obtuvieron las mejores calificaciones.
Irónicamente, más de las tres cuartas partes de los estudiantes coreanos respondieron que no a la pregunta: “¿Soy bueno en matemáticas?” Sin embargo, en marcado contraste, el sesenta y ocho por ciento de los alumnos estadounidenses creía que sus habilidades matemáticas estaban bien. Nuestros niños pueden estar fallando en las matemáticas, pero obviamente se sienten bastante bien en cuanto a cómo lo están haciendo.
Respecto a lo moral, nuestra cultura está esencialmente en el mismo barco. La evidencia empírica sugiere fuertemente, como hemos visto, que la sociedad está en su punto moral más bajo. Podríamos esperar que la autoestima de las personas también esté sufriendo. Pero las estadísticas muestran que los estadounidenses se sienten mejor consigo mismos más que nunca.
En una encuesta realizada en 1940, el once por ciento de las mujeres y el veinte por ciento de los hombres estuvieron de acuerdo con la declaración “soy una persona importante”. En la década de los noventa, esas cifras se elevaron al sesenta y seis por ciento en las mujeres y sesenta y dos por ciento en los hombres. El noventa por ciento de las personas encuestadas en una medición reciente de Gallup dice que su propio sentido de autoestima es fuerte y saludable. Extraordinariamente, mientras el tejido moral de la sociedad continúa desenredándose, la autoestima prospera. Todo el pensamiento positivo sobre nosotros parece no estar haciendo nada para elevar la cultura o motivar a las personas a tener una vida mejor.
¿Puede ser realmente que la baja autoestima es lo que está mal hoy en día con las personas? ¿Cree alguien, seriamente, que hacer que las personas se sientan mejor consigo mismas ha ayudado a resolver los problemas del crimen, la decadencia moral, el divorcio, el abuso infantil, la delincuencia juvenil, la adicción a las drogas y todos los otros males que han arrasado con la sociedad? ¿Podrían estar equivocados en nuestra cultura si las suposiciones de los teóricos de la autoestima fueran ciertas? ¿Realmente imaginamos que una mayor autoestima al fin resolverá los problemas de la sociedad? ¿Hay incluso un ápice de evidencia que respalde tal creencia?
Absolutamente ninguno. Un informe en Newsweek sugirió que “el caso de la autoestima... se trata menos de pedagogía científica que de fe: la fe en que los pensamientos positivos pueden manifestar la bondad inherente en cualquiera”. En otras palabras, la noción de que la autoestima hace que las personas sean mejores es simplemente una cuestión de fe religiosa y ciega. No solo eso, es una religión que es antitética al cristianismo, porque se basa en la presuposición no bíblica de que las personas son básicamente buenas y necesitan reconocer su propia bondad.
En el próximo blog estaremos examinando como esta mentira se ha infiltrado en la iglesia y los efectos negativos que ha causado.

(Adaptado de Una conciencia decadente)