La palabra psicología significa literalmente “el estudio del alma”. Un verdadero estudio del alma no lo pueden hacer los incrédulos. Después de todo, solo los cristianos cuentan con los recursos para comprender la naturaleza del alma y cómo se puede transformar. La disciplina secular de la psicología está basada en suposiciones ateas y fundamentos evolucionistas capaces de tratar con la gente solo superficialmente y a nivel temporal. Sigmund Freud, padre de la psicología moderna, fue un humanista incrédulo que desarrolló la psicología como sustituto de la religión.
Antes de Freud, el estudio del alma se consideró como una disciplina espiritual. En otras palabras, se asoció intrínsecamente con la religión. La magna contribución de Freud fue definir el alma y el estudio de la conducta humana en términos seculares. Divorció del todo la antropología (el estudio de los seres humanos) del reino espiritual y así abrió el camino a las teorías ateas, humanistas y racionalistas acerca de la conducta humana.
Esas teorías fundamentalmente antibíblicas llegaron a ser las bases de toda la psicología moderna. Por supuesto, los psicólogos de hoy utilizan centenares de modelos y técnicas basadas en una miríada de teorías conflictivas, por lo que resulta imposible hablar de la psicoterapia como si se tratara de una ciencia unida y lógica[1]Sigmund Koch, “Psychology Cannot Be a Coherent Science,” Psychology Today (September, 1969):66. Pero las bases de la psicología moderna se pueden condensar en algunas ideas, comúnmente sostenidas, que tienen sus raíces en el humanismo de Freud.
La siguiente lista presenta algunos principios de la psicología que muchos cristianos, de manera equivocada, procuran armonizar con la verdad bíblica:
- La naturaleza humana es básicamente buena.
- Las personas tienen la respuesta a sus problemas dentro de sí mismas.
- La clave para entender y corregir las actitudes y acciones de una persona yace en alguna parte de su pasado.
- Los problemas de los individuos son el resultado de lo que alguien les ha hecho.
- Los problemas humanos pueden ser puramente psicológicos en su naturaleza, sin relación con ninguna condición espiritual o física.
- Los problemas profundamente arraigados solo los puede resolver un profesional mediante el uso de terapia.
- Las Escrituras, la oración y el Espíritu Santo son recursos inadecuados y simplistas para solucionar ciertos problemas.
Esas y otras teorías ateas similares se han infiltrado en la iglesia a través de las diversas corrientes del ámbito psicológico y están teniendo un efecto profundo y preocupante en su forma de ayudar a las personas. Muchos cristianos sinceros tienen una idea muy errónea de lo que es la consejería y de lo que se supone que debe lograr.
Los puritanos se referían al ministerio de aconsejar como “obrar en el alma”. Hablaban de la responsabilidad del ministro como “la cura de las almas”. Entendían que la única ayuda digna de confianza era la infalible verdad de las Escrituras aplicadas por el Espíritu de Dios. Sabían que la única cura genuina, efectiva o permanente para las enfermedades del alma era la transformación que la gracia de Dios efectúa en el corazón de un creyente.
¿Son siempre recomendables las técnicas psicológicas?
Ciertamente es razonable que las personas busquen ayuda médica para problemas médicos. Nosotros enviaríamos al médico a alguien con una pierna rota, con problemas de riñones u otros males físicos. Y es cierto que ciertos tipos de depresión tienen, de hecho, causas físicas que requieren tratamiento médico. El Dr. D. Martyn Lloyd-Jones, mejor conocido por su poderoso ministerio en la predicación expositiva antes de entrar al ministerio, recibió preparación como médico. Él señaló que a menudo la depresión y algunas enfermedades mentales son más bien causas físicas que espirituales. Sugirió que la anemia perniciosa, arteriosclerosis, y aun la gota, son ejemplos de desórdenes físicos que pueden causar demencia o depresión.[2]D. Martin Llyod-Jones, Healing and Medicine (Eastbourne: Kingsways, 1987), 144–45. Es muy apropiado y aun recomendable para el consejero que le sugiera al aconsejado que padece tales síntomas, que busque consejo médico o que se someta a un examen físico para descartar esas causas.
Debe notarse que estos son problemas poco comunes; sin embargo, no deberían usarse como ejemplos para justificar el uso indiscriminado de técnicas psicológicas seculares en problemas de orden esencialmente espiritual. Tratar por esos medios los problemas psicológicos y emocionales de la vida no es santificación. Esa es la razón por la que esas técnicas son igualmente eficaces para modificar el comportamiento tanto de los cristianos como de los no cristianos
¿Y qué de la “psicología cristiana”?
La “psicología cristiana”, tal como se usa el término hoy en día, es una ironía. La palabra psicología empleada en esa expresión ya no se refiere al estudio del alma; en cambio, describe una mezcla de terapias y teorías que son sobre todo humanísticas. Las presuposiciones y la mayoría de las doctrinas de la psicología no pueden unirse con éxito a la verdad cristiana. Además, la infusión de la psicología en la enseñanza de la iglesia ha borrado la línea divisoria entre lo que es modificación de la conducta y santificación.
El camino a la meta de ser un individuo completo es el de la santificación espiritual. Nuestro Señor Jesús reaccionó de un modo santo y perfecto ante cada tentación, prueba o trauma en la vida, y estos fueron más severos que los que cualquier humano jamás podría soportar. Por tanto, está claro que una perfecta victoria sobre todos los problemas de la vida debe ser el resultado de ser semejantes a Cristo. Ningún “obrador del alma” puede elevar a otro a un nivel de madurez espiritual superior al de sí mismo. Por tanto, la calificación suprema para cualquier trabajo del alma es la semejanza a Cristo.
El verdadero consejero cristiano debe trabajar en el alma en la esfera de las cosas profundas de la Palabra y el Espíritu, y no divagando en la superficialidad de la modificación de la conducta. El consejero más hábil es el que con más cuidado, oración y fidelidad aplica los recursos divinos espirituales al proceso de santificación, moldeando a otros a la imagen de Jesucristo.
La literatura de la “psicología cristiana” por lo general minimiza la importancia de la lectura de la Biblia y la oración, y las tiene como respuestas superficiales o soluciones incompletas para alguien que lucha con la depresión o la ansiedad. Las Escrituras, el Espíritu Santo, Cristo, la oración y la gracia; estas son las soluciones tradicionales a las que los consejeros cristianos han orientado a las personas. Pero la psicología cristiana ahora nos dice que ninguna de ellas realmente cura las aflicciones.

(Adaptado de La consejería: Cómo aconsejar bíblicamente)