Imagine un mundo dominado por la justicia y la bondad: un mundo en el que no exista la injusticia, en el que ningún tribunal dicte jamás un veredicto injusto y en el que todos sean tratados siempre con equidad. Imagine un mundo en el que lo verdadero, lo justo y lo noble caractericen todos los aspectos de la vida, incluidas las relaciones interpersonales, el comercio, la educación y el gobierno. Imagine un mundo en el que reine una paz completa, total y permanente, en el que abunde la alegría y prevalezca la buena salud, hasta tal punto que las personas vivan cientos de años.
Imagine un mundo en el que se haya eliminado la maldición, en el que el medio ambiente haya recuperado la pureza inmaculada del Jardín del Edén, en el que reine la paz incluso en el reino animal, de tal manera que “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (Is. 11:6). Imagine un mundo gobernado por un Soberano perfecto y glorioso, que se ocupa del pecado de forma inmediata y firme.
Desde un punto de vista humano, esa descripción puede parecer inverosímil, una fantasía utópica que nunca podría hacerse realidad. Sin embargo, describe con precisión las condiciones que imperarán durante el futuro reino terrenal del Señor Jesucristo. La Tierra restaurada y radicalmente reconstruida del reino milenario constituirá el paraíso recuperado. El reinado de mil años del Salvador sobre la tierra es la culminación, divinamente planificada y prometida, de toda la historia redentora y la realización de la esperanza de todos los santos de todas las épocas.
El Reino Milenario
El reino milenario recibe muchos nombres en las Escrituras. En Mateo 19:28, Jesús lo denomina “la regeneración”. Hechos 3:19 describe el reino como “tiempos de refrigerio”, mientras que el versículo 21 de ese capítulo lo denomina “los tiempos de la restauración de todas las cosas”. El apóstol Pablo se refiere a él en Efesios 1:10 como “la dispensación del cumplimiento de los tiempos”.
Pero la enseñanza bíblica sobre el reino no se limita al Nuevo Testamento. El reino es un tema importante a lo largo de toda la Escritura; es la meta hacia la que avanza toda la historia redentora. En palabras de John Bright: “La Biblia es un solo libro. Si tuviéramos que darle un título a ese libro, podríamos llamarlo con razón ‘El libro del reino venidero de Dios’”[1]. Innumerables pasajes del Antiguo Testamento hablan del reino terrenal[2].
El reino de Dios puede definirse, en términos generales, como la esfera en la que Él reina. En su sentido universal y eterno, el reino de Dios abarca todo lo que existe, porque Dios es el soberano gobernante de toda Su creación. David declaró esa verdad en el Salmo 103:19: “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”. Históricamente, Dios ha ejercido Su gobierno en la tierra a través de Su pueblo: primero mediante Adán y Eva, luego mediante Abel, Set, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Josué, los jueces de Israel (incluido Samuel) y los reyes de Israel y de Judá. En la era actual, Dios ejerce Su gobierno políticamente a través de los gobiernos humanos (Ro. 13:1–7) y espiritualmente a través de la iglesia (Hch. 20:25; Ro. 14:17; Col. 1:13). En el reino milenario, los elementos políticos y religiosos del gobierno temporal y terrenal de Dios se reunirán en la persona del Señor Jesucristo.
Apocalipsis 20
Uno de los pasajes más claros de las Escrituras sobre el reino milenario es Apocalipsis 20:1–10. Se trata, sin duda alguna, de un capítulo culminante de las Escrituras. Nos lleva al reinado del Señor Jesucristo en la tierra, en Su reino: la culminación de la historia redentora tal y como se desarrolla en este mundo. En cierto sentido, este reino es el punto álgido de toda la historia humana.
El reino de Cristo se ha denominado “el paraíso recuperado”. El paraíso se perdió cuando Adán y Eva pecaron en el jardín, pero finalmente se restaurará con el reinado de Cristo. Desde la caída, generación tras generación de santos han anhelado la realización de sus esperanzas, cuando Cristo restablezca el orden en el mundo.
Será en ese momento cuando Jesucristo reine plenamente como Rey de reyes y Señor de señores sobre toda la creación. Este reino es el final de la historia de la humanidad —el final del universo actual tal y como lo conocemos—. Y una vez que haya concluido el reino milenario, todo lo que forma parte del orden creado quedará completamente destruido, ya que todo ha sido mancillado por el pecado. Aunque Cristo reine sobre él, seguirá llevando las marcas del pecado.
Finalmente, después de que el Señor destruya por completo el universo creado, creará un nuevo cielo y una nueva tierra en perfección eterna. Estos nuevos cielos y nueva tierra permanecerán libres del pecado y constituirán el reino eterno en el que Cristo reinará junto con todos los santos de todas las épocas.
Así pues, la historia de la redención se extiende desde la caída del hombre, pasando por la primera venida de Cristo, hasta que Él regrese para juzgar, establezca Su reino, destruya el mundo y, por último, dé paso a los nuevos cielos y a la nueva tierra, libres de cualquier tipo de pecado.
En los próximos días, analizaremos más detenidamente este pasaje para vislumbrar el futuro reinado de Cristo en la tierra. Pero antes de llegar a eso, debemos examinar las tres interpretaciones habituales del reino milenario: el postmilenialismo, el amilenialismo y el premilenialismo. Y eso es precisamente lo que haremos en nuestro próximo blog.

(Adaptado del Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Apocalipsis)
[1] The Kingdom of God El reino de Dios, [Nashville: Abingdon, 1953], 197.
[2] Entre ellos se encuentran Deuteronomio 30:1-5; 2 Samuel 7:12-16; Salmo 2:6-12; Isaías 2:2-4; 11:1-10; 12:1-6; 24:23; 32:15-20; 35:1-2; 60:10-18; 65:20-22; Jeremías 3:14-18; 23:5-6; 30:3; 31:35-40; 33:14-18; Ezequiel 34:23-24; 36:16-38; 37:15-28; Daniel 2:44-45; Oseas 3:4-5; Joel 3:18-21; Amós 9:11-15; Miqueas 4:1-8; Sofonías 3:14-20; y Zacarías 14:9-11.