¿Cómo tomamos decisiones bíblicas con respecto al entretenimiento? La Palabra de Dios no dice nada específico sobre qué tipo de películas o programas de televisión debemos ver, ni qué tipo de música debemos escuchar. Ante la ausencia de instrucciones bíblicas explícitas, ¿cómo podemos determinar qué tipo de entretenimiento es aceptable?
Esas son preguntas a las que se enfrentan la mayoría de los creyentes hoy en día. En nuestra cultura saturada de medios de comunicación, nos vemos inundados de opciones de entretenimiento y se nos anima a perseguir cualquier interés pasajero. Pero ¿cómo debemos someter esas opciones al Señor? A la luz de nuestra salvación y de nuestra nueva naturaleza en Él, ¿cómo debemos considerar las infinitas opciones de entretenimiento?
Hemos estado analizando algunos principios bíblicos que nos ayudan a tomar decisiones que glorifiquen a Dios en lo que respecta al entretenimiento. Concretamente, hemos estado examinando la naturaleza del señorío de Cristo y cómo la sumisión a Él debe moldear nuestras elecciones de entretenimiento. La semana pasada vimos cómo Su señorío exige una buena mayordomía, condena la impureza y la mundanalidad, y determina las prioridades correctas. Para concluir este debate hoy, vamos a ver cómo el señorío de Cristo define una perspectiva adecuada.
Las prioridades correctas y las pasiones piadosas surgen de una perspectiva adecuada —una mentalidad celestial que comprende las realidades eternas e interpreta esta vida en base a esas realidades—. Si este mundo fuera todo lo que existiera, sería prudente acumular tesoros y buscar el gozo aquí y ahora.
Pero esa no es la realidad; este mundo no es todo lo que existe.
La realidad, tal y como la revela la verdad de la Escritura, abarca mucho más que los placeres, las prioridades y las búsquedas temporales de este mundo. Dios es real. Su Palabra es real. El cielo y el infierno son reales. El evangelio es real. Jesús es real. Su muerte, resurrección y ascensión son todas reales —al igual que Su pronto regreso—. La brevedad de esta vida y la certeza de la muerte son reales. La amenaza de la destrucción eterna es real, al igual que la promesa de la recompensa futura.
Por el contrario, el mundo del entretenimiento no es real. De hecho, la mayor parte del entretenimiento consiste en escapar de la realidad, no en retratarla con precisión.
Como cristianos, nuestra cosmovisión debe basarse en la realidad, no en los mundos imaginarios de Hollywood. Las personas pueden negar la realidad y distraerse con la fantasía, pero no pueden cambiar el hecho de que un día se presentarán ante Dios (He 9:27). En ese momento, las riquezas, los placeres y los logros de este mundo no les servirán de nada.
La parábola del rico insensato es un ejemplo llamativo de este tipo de imprudencia y miopía.
Jesús cuenta la historia en Lucas 12:16–21:
“La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.
Las palabras de Jesús retumban como un llamado de atención para aquellos que profesan conocer a Dios y, sin embargo, viven como si Dios no fuera más real que cualquier película que hayan visto anoche. Para aquellos que siguen aplazando su despertar espiritual, es hora de despertarse y centrarse en lo que realmente importa (cp. Ro. 13:11). Como cristianos, nuestra perspectiva debe tener un alcance eterno. Y el entretenimiento, aunque es placentero en el momento, no es eterno.

(Adaptado de El pastor en la cultura actual)